no tenía ni una vela



tirada en el piso frío al lado de la heladera
comiendo galletas al agua con dulce de batata
iluminada por la lamparita temblorosa del baño

la única que apenas funciona desde que volvió la luz

mientras escucho al unísono los dos lados
de la puerta que divide el futuro del pasado
caigo en cuenta, finalmente me rescato

la dualidad existe en todos pero yo paso
aunque no tenga éxito alguno
voy a correr en busca del algoritmo exacto
que represente la moral de la ambigüedad
el ser y la nada, la muerte temblando

quiero sentir la mismísima carencia
del metal congelado que separa
y en su lugar la bendita transparencia

que no es ni buena ni mala
que transige cualquier par de extremos
que ante todo delata

la congruencia justa
entre el poema escrito
y el que la mente calla
la honestidad pura, innata
de una suave transparencia

cristal quebrado, cristal en polvo

-nada de esto es nada, todo esto es todo-

que así como vivas, mueras
que te vuelvas luz
que no precises venas

esta es la crónica de un apagón
que me agarró con la cabeza llena
de tinta violeta y no tenía ni una vela

la reciprocidad a ciegas
del centro de mí al universo

nos estamos convirtiendo en ventanas
adentro nosotros mismos y afuera, afuera
no importa, somos fuertes, podremos soportarlo
y el punto irrefutable: el tiempo no nos afecta
podemos trascenderlo, unir los polos opuestos
alterando la forma en que elegimos aprovecharlo


Foto: Nico Pópez

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