Mariposas


Yo tengo una foto de diciembre de 2000 que llevo conmigo a todo lugar al que me mudo. Me la sacaron en una fiesta de disfraces del jardín de infantes al que iba, el cre-siendo. Ahí estoy yo de cinco años, parada haciendo puchero con los pies torcidos. Hoy en día, 16 años después sigo haciendo lo mismo. ¿Por qué?


Es un toque obvio, algo evidente, pero el referente en la vida de un ser en formación es básico en la propia construcción de su persona, como persona. Una persona es un conjunto de características adquiridas, un rejunte de aprendizajes. La gracia es hacerlo consciente, la gracia es desprenderse de todo cuanto no nos pertenece y abrazar de una vez todo lo que sí. 

Mis dos referentes, mis dos seres amados hasta ese entonces, hacían todo lo mejor que podían, con todo lo caótico que implica el hecho de estar en plena formación y tener que formar a otro. Eran un poco desorganizados, eran bastante divertidos, eran muy amigos míos y hasta que la cosa se fragmentó (no mucho después de la foto), nunca me sentí separada o incomprendida por ser niña y ellos adultos.

Tuvimos once gatos y muchos peces, en la calle Martín García, Barrio de los Judíos (todo lo que sé al respecto de ubicaciones). Dibujamos una familia de ositos en la pared celeste del altillo, con pintura naranja sobrante de una bicicleta. Fuimos a las hamacas, a la feria los domingos, volvimos en un bus con una bolsa con agua y un pez naranja y "si queda flotando boca arriba es porque está muerto". Fuimos a casas de familiares en las fiestas. Yo caminaba de la mano de la luna, de madrugada en la azotea. Nuestro living tenía claraboya y a veces yo volaba más alto que el techo mientras mamá gritaba "ay, se te va a caer" y todos nos reíamos. La señora mano (un personaje) salía de las frazadas a decirme que tenía que dormir mientras me hacía cosquillas, todo era juego, todo era risas. Mi cuarto era el museo de mí la artista, con todos mis dibujos en la pared como una exposición en constante cambio y de noche, cuando apagaba la luz, el techo dibujado con pintura fluorescente me regalaba un cosmos para contemplar al ir cubriéndome en el manto de Morfeo. Me hacía casas con frazadas cuando me aburría de estar abajo de la mesa, abajo de la escalera o arriba del techo con los gatos. A veces las cámaras me mostraban jugar a través de la tele, a veces me plasmaban mirando para arriba mis paletitas separadas y mis ojos negros de chinita. 

Fue una hermosa infancia, no hay quejas al respecto. Yo tenía toda la atención que requería dentro de toda la disfuncionalidad que me rodeaba, cuando mis cuatro o cinco años eran todo lo que había vivido. Por ende no solo aprendí a ser feliz, sino que aprendí a serlo en medio del caos organizado. Es importante y yo agradezco mucho, no es lo ideal pero es lo conocido, es donde me siento cómoda y en paz. 

La foto. La foto me la sacaron en cuanto llegamos al jardín, para la fiesta de disfraces. Yo había estado toda la semana entusiasmada con que me iban a disfrazar, pero no decía nada al respecto. Cuando era chiquita pensaba que no mostrar entusiasmo por cosas boludas me hacía ver más madura y me gustaba pila conquistar a los adultos con mis desplantes. Hoy me recuerdo y me río, debía ser muy gracioso y dulce verme diciendo complejidades para impresionar, haciéndome la pilla.

No me extraña que todos siempre se mostraran asombrados ante las cosas que decía o me respondieran lo sarpada que estaba para la edad que tenía. No me extraña no haber aprendido a ser dulce para manipular u obtener mis objetivos con ternura en lugar de tanto ego. No me extraña que mi zona de confort se ubique dentro de mi cabeza. Hoy no me extraña, no me extraña esa niña pensante y testaruda, curiosa y torpe, orgullosa y persistente. No me extraña porque la entendí y gracias a eso seguí adelante, tratando de seguir creciendo.  

La foto. La foto es muy graciosa porque yo estaba re enojada. Nunca los apuraba mucho, ya me había acostumbrado. Ya sabía que demoraban porque les era muy difícil hacer todo lo que hacían, pero siempre cumplían. Habían dicho que me podría disfrazar de lo que quisiera y yo les creí. No quise confesar en seguida porque me daba vergüenza, pero hace meses quería disfrazarme de princesa.

Me daba vergüenza porque sabía que las princesas y las niñas eran un romance conceptual bastante popular, del popular que estaba mal, del popular patriarcado que mis referentes se esforzaban en apartar de mí. Al igual que hacían con los Teletubbies, la cajita feliz, las barbies, la moda, las novelas de Cris Morena, la cosificación de la mujer... En fin, todo aquello que resulta estupidizante para dos personas con cabeza que intentan apartar de una niña en formación, para que al armarse como mujer termine una mujer hermosa, una mujer entera. Aunque se haya roto con la realidad del mundo, con la realidad real del día a día.

Para mí la tierra y el cielo. Para mí la teoría de los agujeros negros y la relatividad del tiempo. Para mí La Casa de Wimzie, las cosas como son y la comida sana. Para mí la honestidad bruta, el agua, la independencia, el saber hacerse valer por uno mismo, el saber ser quien se es, el saber motivado a saber cada vez más y no parar nunca. 

Yo entendía todo y me parecía buenísimo, pero quería ser una princesa. 

No me animaba, pero me animé. Cuando preguntaron la noche anterior a la fiesta qué quería ser mañana, respondí "princesa" y conocí la decepción en forma de gesto. Me ofrecieron alternativas menos pelotudas mientras yo insistía, empecinada, porque la perseverancia es algo en lo que desde el punto cero tuve un excelente desempeño. Ellos lo sabían, y por eso no insistieron en hacerme cambiar de idea; porque era tarde y tenían un disfraz que hacer para una niña que tenía que dormir. Me fui a dormir feliz porque habían entendido que iba a ser una princesa. 

La foto. La foto es del día después. Ese día me levanté muy feliz habiendo soñado con mi reinado rosado aunque solo durara un día. En la foto estaba triste porque cuando me enfrenté con mi disfraz entendí que me habían dicho que sí solo para que me fuera a dormir, pero que iba a ser una mariposa en la fiesta de disfraces del jardín.

Era más auténtico, menos monárquico pero más poderoso. Era más libre y más hermoso. Se habían quedado hasta tarde haciendo mis alas, una azul y otra roja. Me habían planchado mi vestido azul de pana y me habían despertado temprano para hacerme unas trencitas, que cumplieran la función de antena. Yo abrí los ojos y lloré toda la mañana

La foto. La foto es de cuando llegué al jardín. Mis referentes se reían de que me entristeciera tanto, siempre trataban de reírse de todo. Yo siempre trataba de llorar cuando así lo sentía. No me malinterpreten, hoy en día entiendo por qué lo hicieron, no hay crueldad en nada de lo acontecido. Le pusieron todo el corazón y quedó precioso. Además es mejor ser quien soy. Pero un día rosado, un día sin rodillas raspadas, un día de pelo suelto y cuentos de hadas era lo que más quería. 

La foto es de cuando entré al jardín y me sacaron la foto. Miré con cara de orto al fotógrafo como miré a todas las personas que me crucé ese día, cosa que sigo haciendo en mis días de bronca. Enojadísima porque no era una princesa, enojadisima porque me sentí engañada. Era importante para mí pasar por la experiencia de ser otra cosa, de vivir algo nuevo. 

Después de la foto fui corriendo a jugar con mis amigas, todas princesas, menos yo que me reía porque tenía más alas que cualquier hada que acompañara sus cuentos. Eso fue algo nuevo, comenzar a comprender que existen cosas que no son dignas de una mariposa, que solo tiene un día pa' disfrutar de estar viva.

La foto. La foto es una foto que pongo en cada lugar en que duermo más de un mes. Es la foto que me robó el alma, la foto donde se evidencia que mi mayor empresa en esta vida es abrazar lo que soy, lo que sea que soy. Abrazar lo que me dieron otros, aunque no sea lo que yo pedía. Ahí está claro que tengo alas y soy azul y me paro torcida y uso championes en verano y me pongo triste en vano pero después se me pasa. Ahí está explícito que mi tristeza es producto de un profundo inconformismo, lo cual es bueno porque siempre quiero estar mejor.

La foto la veo todo lo que puedo (capaz que mi recuerdo está distorsionado por el tiempo, pero la foto (cursiva) es), a ver si percibo, si entiendo, si comprendo y aprehendo que no hay estereotipo boludo que me encaje, porque lo que soy es una mariposa triste que se ríe tarde, cuando se acuerda que ama, que se ama y que es amada.  


Y que de última, no hay nada que me impida gobernar mi contexto.


Comentarios

  1. Jaja esta genial ahora entiendo mas lo de sartre. Me divirtio mucho el relato.. deci que en el jardin te dejaron elegir.. por mas que bueno.. despues le toco a tus viejos. Yo en la escuela era muy insoportable en realidad solo hablaba mucho chistosamente.. pero ta cuando eligieron que tenian que hacer de mariposas y abejas y agua y cosas que se movian libres y lindas en el escenario a mi y una amiga nos dijeron que teniamos que hacer de arbol y simplemente quedarnos quieras todo el tiempo en el fondo... todo lo que duren los aleteos por arriba. Lo peor es que me reia de que me hubieran mandado a hacer de arbol. Y veia como mi abuela me iba haciendo el claustrofobico disfraz y pensaba que horrible que bizarro.. de alguna forma. Uno aprende cosas con estos detalles de los disfraces eh? Jajaja. Saludos. Me encanto ese relato

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    1. Si te fijás con atención, todo recuerdo plasmado es algo que aprehendiste, algo que te modificó en algún sentido, un quiere, un momento de realización aunque sea inconsciente. Es lindo recordar, pero sobretodo intentando ver más allá del recuerdo para entender por qué lo recordamos. A mí me cierra mucho que hayas sido un árbol, me imagino que a vos también.
      Gracias por todo (:

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  2. me encantó Mica, me hiciste volar hacia tu infancia y revivir el momento, gracias
    cuando iba al jardín me disfracé de Superman, mis padres me alquilaron el disfraz pero el traje nunca me convenció porque en vez de ser azul era
    negro, en fin pose para la foto como un campeón, nunca más pude sacarme la responsabilidad de tratar ser un héroe jaja

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    1. Jajaja, es muy lindo que me cuenten su misma experiencia. Me encanta, agradezco pila este intercambio.
      Me parece re salado como nos fuimos haciendo hasta hoy, cómo seguiremos... De qué iremos vestidos a la próxima fiesta de disfraces.

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