Gente grande.

¡Qué vergüenza! ¡Gente grande jugando a ser adulta! Creyendo que se trata de un juego esa idea tan absurda. Con lo simple que sería bajar la cabeza, si realmente fuese eso lo que quisieran.

Qué tragedia... En lugar de jugar a cosas más entretenidas. En lugar de ocupar la mente resolviendo misterios. En lugar de ir a lugares donde los rodee la vida. No paran de estar muertos.

¡Qué tristeza! Teniendo el infinito en las manos, gastar las horas pensando... Intentando distinguir el bien del mal, o definirlo, o enumerarlo, del mismo modo, una y otra vez, sin darse cuenta de que eso que les pasa le pasa a todo el mundo, de que nadie sabe, de que todos fingen. Intentando quedarse con las migas que sobraron del pastel.

No era de chocolate amargo, esa es la cobertura que quedó, por dentro  había pila de frutas nunca vistas. Deliciosas frutas, coloridas frutas. Pero no, se conforman con las sobras, creyendo que la vida es eso.

Me pasa que como yo no me manejo con los fines de semana, ni la salida con amigos, ni la resaca de domingo, ni qué bajón ya es lunes, ni nada de eso, lo que a ellos les sabe a postre para mí es la cena de cada día. Yo decido, yo elijo, yo exijo lo que merezco comer hoy.

Si así fuera para ellos, lo sabrían: por dentro del pastel que es el día a día, los colores no tienen fronteras ni banderas, no tienen tiempo ni lugar, sino que se funden entre sí y aún así se diferencian.

Puedo comer hasta explotar del devenir de las cuestiones, porque no las entiendo y agradezco eso. Tengo un hambre insaciable que no acaba donde empieza la muerte, porque ni eso existe donde la fruta es dulce, donde transluce los sonidos como a la luz la gelatina.

Puedo ser una niña con la cara llena de mocos y chocolate, no me jode. Si quiero, puedo. No me jode patalear, ni gritar, ni llorar, ni reirme de verdad. No me jode hablar sin parar sobre el universo, porque para mí es un juego intentar resolverlo, metiéndome hasta el fondo en los patrones que dibujaron los hechos, deseando a su vez que viva para siempre el misterio... Así me entretengo.

¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Hacia dónde voy? No sé, ni idea. Me encanta que así sea, me encanta la magia y mucho más el desafío. Me fascinan las risas, las  conversaciones y los mimos. Me fascina evitar las prisas y no saludar a los vecinos.

Me encanta despertarme después de que dormiste conmigo, porque vos tampoco sabés ninguna de esas respuestas, pero también te gusta jugar a que querés responderlas.

Hagamos algo que nunca vayamos a olvidar, algo que no entiendan todos los demas. Qué importan los otros que no son ni vos ni yo en este cuento.

No es por vendernos, ni conformarnos, ni ser grandes, ni ser tarados. Es porque queremos jugar en serio, porque sabemos que podemos, porque estamos como queremos.

La historia es nuestra, seamos buenos dueños.

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