No more catfish

Como concepto, lo virtual es lo opuesto a lo real o la propiedad que tiene algo de producir un determinado efecto aunque en realidad no lo produzca. Esto es muy curioso si se analiza la sociabilidad entre personas dentro de la virtualidad misma.

La virtualidad es un espacio donde podés o no mostrar lo que querés ser y en la realidad cotidiana te callás. Llegado el caso, las posibilidades de expresar todo lo que siempre escondés están ahí, en la punta de los dedos, para que acudas a ellas sin ningún tapujo y las explotes, dando a conocer todo tu esplendor o tus rincones oscuros por igual (aún los que normalmente el autoestima o los prejuicios te hacen ocultar).

Existe la posibilidad de ser un catfish (pez gato o bagre, en español), que es la forma en inglés para denominar a alguien que pretende ser quien no es usando un perfil virtual, generalmente para formar relaciones románticas con falsas identidades, puesto que la suya propia no le parece capaz de formar parte de ese mundo. El término proviene de la costumbre de utilizar el bagre para mantener la carne del bacalao fresca cuando se transporta grandes distancias, adaptándolo a la costumbre de estas personas de entonar la monotonía putrefacta de la realidad con una identidad perfectamente armada e inexistente. El catfish se maneja puramente en el medio virtual, pues si sale de ahí, muere.

Sin embargo, sucede que también podés ser todo lo vos mismo que desees, valiéndote de que no perdés nada y los medios están ahí, para descargar todo lo reprimido que hay en vos. En ese caso la gente que te conoce por medios virtuales, puede hacerse una idea de vos más cercana a tu esencia profunda y verdadera; claro, si realmente sos honesto y estás mostrando la realidad de tu persona sin las trabas sociales preestablecidas de cada día, es decir, usando al máximo las ventajas que la virtualidad propone.

Otra posibilidad, sería que estés hablando con alguien que ya te conoce previamente y muestres tu esencia con total impunidad o no. Como la persona ya te ha conocido, tendrá esa referencia de la realidad cotidiana para realizar un juicio de valor acorde a la decisión que hayas tomado.

Lo que uno da, también lo recibe, el viceversa siempre está: lo que la vida nos da, también nos lo quita. Podés estar de un lado o del otro, pero para mí, que pertenezco al grupo de la honestidad empedernida te conozca o no, las cosas se ponen interesantes cuando se trata de alguien que nunca tuve frente a mí fuera del medio virtual.

Se da este misterio que genera la atracción por ese perfil que estoy viendo, eso que podría ser un disfraz engañoso o la parte más honesta de un ser maravilloso. Puede que hable con un bagre fantasma, como que se trate del amor de mi vida o mi nuevo y definitivo mejor amigo, incapaz de perderse jamás mi cumpleaños. Lo molesto es el 50-50 y como es imposible salir de ahí sin romper la virtualidad y ver cara a cara a ese otro. Porque conocer alguien fascinante es siempre hermoso, pero si eso se acompaña con la incertidumbre de no saber si es real o si toda esa estructura se precipita ante el primer rocío de la mañana, apesta y no es nada enriquecedor.

Propongo entonces, que abracemos el presente como un todo y ya no como una antítesis al pasado. Hablo de no ser presos de la obsolescencia programada, actuando siempre en consecuencia de los avances del afuera sin importarnos el niño que desde adentro grita por salir a jugar al rinraje. Hablo de no ser más el producto de una evolución tecnológica que nos llevó a ser lo que somos, sino que demos vuelta esa tuerca y utilicemos las enseñanzas de esta evolución tecnológica para acercarnos más a nuestra naturaleza original. Digo que lo mejor sería que nos mostremos día a día a todo quien conozcamos o no, con nuestro costado más auténtico sin esperar nada a cambio, como cuando le regalamos un "hola" a un perfil virtual solo porque nos resultó interesante, sin conocer la realidad tras esas ropas; porque en la realidad pasa lo mismo, pero seamos valientes, rompamos el ritual sagrado de lo que está bien visto o no hacer con alguien, saquémonos el miedo. Mientras no lastimemos a nadie, no perderemos nada con ser auténticos, sino que por el contrario, es dando que uno recibe.








Comentarios

  1. Mmm si soy muy autentica no me va a ir muy bien. Pero trato de no ser -no yo- xD. Genial lo de pezgato. Eso de ir conociendo cosas interesantes por aca :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ESE ES EL MIEDO DEL QUE HABLO. ¿Qué está bien? ¿Qué no está bien? ¿Quién decide eso? ¿En base a qué?
      Mucho mejor sería, al menos, estar siendo uno mismo.

      Eliminar
  2. La idealización y o las expectativas que nos autogeneramos sobre alguien es la misma trampa que nos hace el cerebro cuando dibujamos líneas en lugar de claroscuros,tendemos a esquematizar a las personas,quizás en un afán de seguridad y control, siempre prima el instinto de autoconservacion y supervivencia

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

¡Contame todo!