La pizza con panceta de Mayday.

Está bien, está todo bien, más que bien, mejor que bien, está todo re bien. Lo principal es eso, que esté todo bien. Pero algo no menor, algo que no hay que dejar de hacer jamás una vez que se comienza. es ser honesto con uno mismo y después con el otro. No importa lo demás, los demás. Las cosas se rompen, la gente se muere, los que amamos se van. ¿Qué importa? Lo único que dura todo lo que dura tu existencia sos vos mismo. Sos lo único que tendrás para siempre.
Por eso, lo importante es que te sientas bien y que seas honesto en ese bienestar. ¿Estás bien? Si la respuesta es no, entonces buscá cómo podría ser sí, qué es lo que falta para que eso sea un sí. Preguntate, preguntate siempre antes de decidir, de pensar, de decir, de juzgar: ¿esto realmente me pertenece? Deshechá lo que no es tuyo y adueñate de lo que sos, de lo que abraza quien realmente sos; para eso tenés que empezar por conocerte.
Es una serie de procesos que no termina ahí, y que van dándose de forma medio constante, medio en paralelo. Son como lineas rectas en el espacio (La linea, la recta, pertenecen al plano, pero ahora vamos a pretender que no, que lo que queramos que sea se nos manifiesta en el espacio, o podríamos pensar en un fideo largo para proceder con la teoría. Vos decidís.) que comienzan en los puntos desde los que se ha tomado conciencia en algún momento dado de la vida sobre el deseo por emprender la cocción de determinado fideo (No pude resistirme, decidí yo.) y ascienden a medida que se van procesando. El fin del fideo será la muerte, antes nunca se termina.
La cosa consiste en ir viviendo en el caldo de los fideos e ir nadando entre ellos sin tocarlos. Para lograr este estado de pasar inadvertido entre los fideos, hay que mantener la misma posición tensionada, no caer, camuflarse, no pegarse a ellos como cuando el fideo se cocina y se pega a la pared; no hay que cocinar del todo el fideo, porque ese es el fin. Se trata de vivir haciendo todos los fideos en paralelo, para que todo se cocine lo más posible pero sin llegar a estar del todo hecho.
Esa tensión es necesaria, hay que buscarla a cada instante, la posición justa para no tocar una cosa ni la otra, para no morir, para no olvidar que la vida es un pequeño soplo de libertad. Sos el único responsable, el único en tu espacio rodeado de fideos.
A veces hay que tirar algunos que no se están cocinando. Está todo bien, no es tu culpa, yo te entendí claramente. Siempre te entendí; a veces antes, a veces después pero siempre entendí. Le di fuego porque te entendí, le di fuego para que se empiecen a hacer, pero se quemaron. Los que yo había empezado a cocinar contigo en mi espacio son gigantes, y además han hecho crecer a otros que habían empezado antes y se estaban enfriando.
Eso lo agradezco terriblemente mucho, porque ahora tengo muchos más fideos largos; pero el pegote de aceite y agua de tus fideos cocinados se me chorrea por la nariz cuando se cuelan en mi cráneo. Luego van a quedar fríos del todo y vas a tener que tirarlos.
Ese es el problema de los fideos cuando se comparten, no siempre el otro va a poder dejar que haya alguien además de sí mismo que lo acompañe en la cocción de sus fideos, porque no todo el mundo tiene la paciencia de esperar a que el otro encuentre la temperatura perfecta de su olla para que se trate de una cocción infinita.
Está bien si naciste para ser chef, si no podés cocinar sin ser el que decida el plato. Lo importante es que seas honesto, contigo mismo y después con el otro. Lo importante es que estés bien, aún si requiere que tengas a tu cargo un montón de cocineros angustiados haciendo tus fideos mientras vos les imperás cómo hacerlos. No tiene que importarte, porque lo importante es que estés bien, que seas honesto contigo y después con el resto. Todo lo estás haciendo, así que te felicito.
Por mi parte, todo indica que seguiré acá en mi olla, tratando de desenredarme los fideos.

Comentarios

  1. la verdad que me engañaste bien , entré porque me gusta la pizza con panceta y me serviste fideos mmm
    gracia igual

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