Intervención.


Desde un punto de vista religioso, una intervención divina es lo que se da cuando Dios simplemente interviene si lo considera necesario. No sucede muy a menudo, uno de sus pilares es la excepcionalidad a la norma del libre albedrío, donde cosas buenas pasan y la gente retoma el camino de la fé gracias al asombro ante la carencia de explicación lógica.
El libre albedrío nos lo dio Dios por amor, fundado en la confianza de un mutuo acuerdo establecido entre creador-producto y se manifiesta en la voluntad del hombre, la voluntad de tomar sus propias decisiones y actuar a su antojo o conveniencia.
Si se continúa trazando esta recta, este conjunto alineado de puntos, no será difícil llegar a concluir que una intervención divina requiere la voluntad de Dios y no del hombre libre. Es fácil escuchar el cuento e imaginarlo diciendo "bueno, están en cualquiera, voy a darles una mano" o "hey, estoy perdiendo seguidores, me voy a mandar un tuit re sarpado".
El tema con todo esto, es que la religión es un dogma preestablecido, que depende mucho de su contexto histórico y social,  para responder a la humanidad las preguntas más difíciles, como ser: "¿Cuál es el sentido de mi relación como individuo con el entorno que me rodea?" "¿Son obsoletos mis actos, mis pensamientos, mis emociones?" "¿Qué viene después de la vida, de la muerte?" y todas las otras ambigüedades, que parece que generaran en la mayor parte de la sociedad, suicidio por la frustración de no ser respondidas.
Al entregarle a la sociedad las respuestas dadas, tan bien organizadas que nada se contradice, la gente puede concentrarse más en las cosas importantes y productivas del día a día (hogar, familia, amigos, estudio, trabajo). Se puede así, vivir sumergido en la monotonía de que a ninguna pregunta se reaccione con curiosidad, sino que lo que parece no responderse de una se le encuentra la explicación divina, donde el sufrimiento está tan justificado como el éxito, gracias a Dios.
Por ende, partir desde una perspectiva religiosa es acudir a una construcción social ajena a mí, repleta de conceptos armados por otros, con un objetivo común que no es el mío, donde sea cuál sea la misma, los conjuntos de símbolos, narrativas, cuestiones morales, me son dadas por otros que no son yo, para probar que me sería imposible aceptar entero algo donde no formé parte en ningún rincón.
La intervención divina es una variable a la normal y monótona trayectoria de los hechos, cuya excepcionalidad es tan grande que, quien lo ve predispuesto o en algún sentido vulnerable, sí podría llegar a atribuirle un origen divino, sin cuestionarse las infinitas posibilidades que podrían haber sido causantes. Cuando pienso en cuántos hechos que no se aplican a las leyes naturales, existen y respiran de nuestro mismo aire cada día, me sorprende el porcentaje de ellos que son llamados milagro.
La palabra milagro proviene del latín miraculus, palabra derivada del verbo mirari, lo cual no solo me causa muchísima gracia, sino que también me llama la atención, por el hecho de que signifique admirarse o contemplar con admiración, asombro o estupefacción, y en ningún momento plantee un origen divino de lo admirado. Los latinos, llamaban miraculum a aquellas cosas que aún no tenían una explicación comprobada, aún no habían sido lo suficientemente estudiadas, o escapaban a su entendimiento, como los fenómenos de los astros, las variaciones drásticas del clima, un enfermo que curara repentinamente y demás acontecimientos extraordinarios.
En mi caso (quizá porque soy medio latina), me gusta ir de adentro hacia afuera, me gusta ser yo la única artífice de mi propia realidad. No digo que todo lo que existe fuera de mí no estaba desde antes, lo que digo es que antes de mí, mi voluntad de transformar lo que hay, aún no existía. Mi capacidad de admiración, ya sea para adentro o afuera es la variable a los hechos, es cómo dejo o no que me afecten y cómo decido o no manejarlos.
Si yo tengo la capacidad de raciocinio suficiente como para ubicarme como única miraculus de mi propia realidad, así como cualquiera que lo desee podría hacer el mismo ejercicio, todos los conceptos se adaptarán de modo que confluyan. Lo religioso me da el pie para diferenciarme, tomarlo de punto de partida de donde no estoy parada, aunque me gusta pasar por ahí y estudiarlo como fenómeno cultural para agarrar del piso alguna pieza que a mí robot le venga bárbaro.
Que decida no formar parte de ninguna religión, no quiere decir que carezco de espiritualidad o que ninguna de las ideas de ninguna religión me sirvan. De hecho, aprendí bastante de todas las que he investigado vagamente, en un intento de no renegar de nada, de no caer en blanco o negro, sino de observar todos los matices que se dibujan en las distintas alturas de la paleta del intelecto.
De este modo, el libre albedrío de los hechos, lo tomo como concepto y lo resignifico así: es un regalo que le doy al universo cuando confío en él y en la forma en que se manifiesta, porque lo he observado acontecer lo suficiente como para ir reconociendo algunos patrones. Mi libre albedrío se trata de dejar que las cosas fluyan, observar el paso natural del tiempo y no intervenir. Cuando dejo que esto suceda, por lo general es porque me gusta como viene o porque nada me está haciendo daño y quiero ver a dónde llega.
También adopto el milagro: lo veo en las cosas que me sorprenden lo suficiente por su carencia de una única explicación, que me aperturan la cabeza a infinitas posibilidades. De hecho encuentro milagros todos los días, encuentro que este infinito está repleto de cosas que la humanidad afirma como si fueran ciertas, cuando en realidad no existen fundamentos suficientes para afirmar verdaderamente nada; precisamente porque los seres humanos nos manejamos con conceptos como verdad, certeza y existencia, los cuales son inventados por nosotros mismos, con lo cual veo caer su credibilidad verticalmente hacia el centro de la Tierra, bien abajo.
Es un milagro el existir mismo, puesto que no le encuentro un fundamento lógico pero lo abrazo asombradísima de igual manera.
Con la intervención divina me pasa lo siguiente: al tratar de hacerla mía, me encuentro como agua estancada en una canaleta, puesto que divina ya me da algo cuestionable. ¿Cómo me tomo yo que para que algo suceda tendrá que haber una intervención divina? ¿Qué mierda es eso? ¿Cómo me adueño de esa idea? ¿Cómo se usa?
Ahora, tomando por base que no reconozco más divinidad que la que existe dentro de mí misma y mi capacidad de elegir verme afectada (positiva o negativamente) tanto como afectar el entorno que me rodea, la cosa cambia. Y digo yo como digo vos, porque esta idea se aplica a todos. Se trata entonces, de mí manejando mi entorno, de mí diciendo que esto así no lo quiero, que no me voy a conformar con una nube cuando atrás, tengo claro que está el cielo.
Cuando se vive así, la frustración se ve plagada de motivos para hacer lo imposible y alterar el normal paso del tiempo. Alterarlo todo, porque está en mí la capacidad de generar situaciones favorables o no para esa niña que tengo adentro. No dejar de actuar, no dejar de hacer, no quedarse quieto. Si lo quiero, voy a tenerlo, porque haré todo lo que haga falta para merecerlo.
Yo intervengo, la realidad no me interviene, yo decido atravesarla y no dejar que me atraviese. No permito que venga alguien a decirme que se dio así porque una fuerza mayor así lo quiso, soy yo quien toma el camino que va donde quiero llegar. No voy a esperar al mago para que la magia ocurra, voy a aprender a hacer trucos si es lo que se precisa para alterar este presente, para probar que hay cosas más allá, dispuestas en lo invisible, que yo percibo como posibles.
Lo imposible, tomado como algo que no puede ser, ocurrir o realizarse, no es más que mi propia concepción. Interviniendo esa idea, es como decido, fuera de la aleatoriedad en que las cosas me han sido dadas, tomar una situación como alterable o no.
Lo divino de mi intervención, radica en encontrar la manera de transformar, transmutar, transvestir y convertir finalmente lo imposible en algo tan posible como ver salir el sol.





4 comentarios:

  1. Y así fue, y fue bueno, y así empezó a latir el corazón de un nuevo y maravilloso universo,y la palabra fue materia y fuerza y animó lo inanimado y el pensamiento se llenó de realidad

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