Bitácora.

Tengo una obsesión con recordar. Debe ser este el motivo de que plasmar sea mi predilección, lo que elijo hacer con mi vida. Plasmo todo lo que puedo de todos los modos que veo y no puedo deshacerme ni siquiera de lo que no va a estar jamás al alcance de otro que no sea yo misma. La única vez que lo hice, fue al fuego; el humo se me metió en la mirada y no, nunca volví al olvidar.
Es que en ir registrando lo que me pasa encuentro la Historia de mi historia, la bitácora de mis sentires. Tengo fé y es solo en esto: el amor. Aprendí así, porque no me quedó otra opción que amar cada momento, cada pensamiento, cada emoción, cada ruido y cada silencio. Después de enamorarme lo transmito... ¿Qué más lindo que el deseo de compartir lo más hermoso que te ha transformado hace dos milésimas de segundo?  
Todos mis actos, por impulsivos que sean, están cargados de consciencia sobre todas las consecuencias que conllevan, porque en mis registros los encuentro, las estudio, las reviso: aprendo y aprehendo. Antes de hacer, pienso, por un diminuto instante pienso. En realidad no pienso, recuerdo y siento. Mi corazón me dice si es por ahí o me quedo en la inercia. En mi caos reside el orden, y aunque mi mente parezca la casa de alguien con síndrome de diógenes, todo está fríamente calculado, menos el afuera.
El afuera es un misterio a descubrir cada día, es un montón de recovecos, de laberintos, de aperturas infinitas. Pero el arte. Pero el arte. El arte. El arte hace que el hombre se construya y yo me declaro ante todo ser humano, me guste o no me guste. Porque en mi registro diario me construyo y deconstruyo, me busco y me encuentro, me reencuentro hablando conmigo misma hace diez años, cuando construía un futuro que llegó hace rato sin dejar de ser nunca lo que vino después del pasado. 
Así como digo que al hombre lo construye el arte, al arte lo construye la sucesión de hechos que el universo va desencadenando. Los percibimos con el tiempo, ese concepto extraño y subjetivo que por más que intente no entiendo. Me abstraigo del reloj, para mí la luz, para mí la arena. Con el tiempo me olvido si no plasmo lo vivido, si no me esfuerzo en recordar a través de presenciar lo que plasmé algún tiempo atrás.
A parte, ¿qué más puedo hacer? ¿Para qué vivir si no es para aprender? Y todo lo que aprendo necesito transmitirlo, necesito ayudar a que llegues donde estoy para que puedas llevarme más lejos. Yo construyo mi futuro, todos los días. Con cada verso, con cada foto, con cada recuerdo que registro en mi bitácora. Todos lo hacen, a cada segundo se está formando lo que viene.
Así como me obsesiona que todo esté donde le corresponde (tanto afuera como adentro), me obsesiona recordar porque sé que si me dejo me olvido. No me puedo olvidar.

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