Ser.

¡Es tan horrible ser niño! Es como ser adulto,  pero con todo más chiquito. Tu mundo se reduce a tu familia, donde te bañás aunque no quieras porque te dicen que tenés que bañarte y punto. Donde se te imponen obligaciones que no querés, derechos que no entendiste y un sinfín más de cosas que no te parece haber pedido, pero igual. ¡Hasta el estar vivo se te impuso! Solo porque otro quiso, y a veces ni eso.
Y vos los ves, dándote órdenes los ves a los adultos, mientras te castigan si no hacés caso; porque pueden. Y porque pueden decirte qué está bien y qué está mal (tan seguros y convencidos de lo que les brindó la experiencia), es que se te ocurre pensar que un milagro trae consigo el paso del tiempo y que cuando seas adulto vas a poder eso y un montón de cosas de las que la más deseada es ser libre. Los ves a todos y queres ser como algunos porque se te ocurre que debe ser genial ese final de la angustia, pero es mentira; porque el mundo cuando sos adulto se reduce a esto, a lo complejo de las guerras mientras el producto del derroche económico en Grecia y ganó Macri en Argentina y que qué caro que está el boleto. El mundo se reduce a otros factores ocupando ese lugar que ocupaban para vos los adultos cuando eras niño. Ahora no son ellos, ahora es la moral, la ley y la política, la educación, la ideología y los ciento tres años de experiencia en cargo similar que te piden para el trabajo que necesitás si querés comer y dormir bajo techo.
Tu familia de adulto es la sociedad, que al igual que tu familia de niño, te exige un monton de cosas que parecen imposibles y si no querés jodete porque igual no tenés otra, literalmente: no podés irte. Lo peor de todo lo malo que tiene es ella misma y la fuerza que hace para mantenerse en pie, a pesar de que nadie parece realmente querer (individualmente querer) formar parte de ella. Y ahí te quiero ver, moviéndote como un pescado fuera del agua, retorciendo el esqueleto para que una gotita de agua te llegue a las branqueas y te regale un suspiro.
Pero lo que no te dicen es que cada aliento que te da vida, mientras te alimenta el sueño, el deseo y el algún-día, más cerca de la muerte te deja. Y que es todo mentira, porque hasta que ese día llegue, aunque crezcas y cambies, vas a ser el mismo niño que anhela ser libre y nunca llega, poniéndole a distintas cosas el mismo rol de adulto.
Yo ya perdí los sueños hace tiempo. Por mi parte no puedo adaptarme a ningún encierro, pero ya ni ser libre quiero. ¡Ojalá me equivoque! A esta altura me parece que simplemente ser es horrible, pero sigo siendo gracias a la niña que nunca dejé de ser, por mi naturaleza curiosa de ver qué pasa. Porque un día cuando me ataba la moña para ir a la escuela, se me ocurrió escribir en la pared junto a mi cama que "si no fuera porque es de un modo tal que fuese, no sería". Che, ¿no sería gracioso que al final ser libre fuese eso? Seguir viviendo sin esperanza y que la muerte me encuentre sin miedo.

Comentarios

  1. Respuestas
    1. Juá,mal, salado. Me googleé la letra porque no la conocía. Creo que nunca escuché Supertramp, al menos siendo consciente de que lo estaba escuchando.

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  2. Hasta el estar vivo se te impuso. "Che, ¿no sería gracioso que al final ser libre fuese eso? Seguir viviendo sin esperanza y que la muerte me encuentre sin miedo."
    Yo creo que ser libre, es eso, es que la muerte me encuentre sin miedo, ser libre, es no tener ese miedo intrínsico, ese miedo innato, ese miedo que nos impuso la sociedad en la que nos movemos, y vivimos. Porque en la India se festeja la muerte, y en México, también. Porque simplemente es un pasaje, porque no podemos vivir aferrados a un final, porque sino, nada tiene sentido, porque sino,¿para qué, seguimos viviendo en ésta vida impuesta?.
    Vos y tus palabras, disparadores de mi imaginación, calmas a mis alteraciones, mimos a mi alma.

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