La entrega de los pajaritos.

Había pajaros blancos sobre la tela negra que volaban por mi cuello y me cubrían del frío. Lo hacían porque lo pedí, porque ya era hora y accedieron. Me pidieron que los cuide y nunca dejé de hacerlo. ¿Qué es libertad sino eso? Sentirse la piel suave con cada briza que produce el vuelo, que la realidad se reduzca (o más bien se amplíe) al acto de volar sin saber hacia dónde por el placer de volar mismo. ¿Qué es libertad sino eso? Ser parte del aire o del viento y desprenderse de la tierra o del tiempo...
Había tanto por recordar que casi nada era nuevo. Era un sueño. Algo que no sabía si era finito o eterno. Entonces no importaba si en el verano no los había buscado, ahí estaban para cuando las condiciones fueran apropiadas. Ahí estaban como yo, moviéndose sin miedo y honestamente. Si quiero y puedo siempre voy a estar, si no se da no me muero, no será el fin.
No importó nunca más que los tres patos se hubieran roto, los patos no vuelan. Ahora sí, estamos en lo cierto. Ahora el resto no es nada, lo nuestro es lo nuestro.

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