No sé, yo no sé.

No sé si alguien leyó la carta que mandé de niña al programa de Alejandro Dolina, ese en cuyo título anunciaba que será terrible la venganza. No recuerdo qué decía, mi inocencia en aquel tiempo estaba llena de culpa cual si fuese adulta, pero noches a radio y libros me iban proliferando de pensamientos intangibles que de algún modo me llevaron al sueño tras encuentros con mi razon, mi conciencia y hasta mi alma.
Mi cabeza de niña adulta nunca tuvo en verdad culpa de su deber pagar esta multa: el castigo de nadie por nunca haber podido ser de un contexto estable parte. Supe que había muerte porque nada fue para siempre y gracias a eso por suerte me metí en el deseo de disfrutar el presente.
Quizás por eso hoy me encuentro siendo esta persona que solo encuentra estabilidad en el arte. Nos entendemos porque puedo ser consciente de que no somos más que una sección del universo que está por fuera de todo, bien profundo desde adentro.
Segura de nada, testigo de todo. Aunque haya cosas que no me explique puedo decir que existe un proceso creativo y como tal me defino: hablo de que como todo ciclo jamás fui niña y tampoco he crecido, sin final y sin principio. Mentras crear pueda soy capaz de sentir que vivo. Como tal soy inmortal, como tal soy infinito.

2 comentarios:

  1. ''Nunca fui niña y nunca crecí.''

    Pordiós. Somos muchos.

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  2. Del sentimiento de no estar del todo. Muchos de quienes me rodean me han hablado de eso sin haber leído el relato y sin que yo lo comentara. Me parece la base del individualismo en algún punto que me da pereza explicar. Si encontrás una relación me encanta y sino también.
    Creo que los que no nos sentimos del todo parte de la niñez ni de la infancia tenemos una remota gracia... Por suerte somos muchos, no sé dios qué tendrá que ver.

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