Me dijiste que soy arte.



Conocerte, inconsciente, difícil buscarte y atraerte. Sin cuenta darte, libre y volátil me atrapaste de repente, de frente, extremadamente elocuente me contaste el secreto para mí aparente de que tras todo tu maquillaje hay un tipo fascinante, pensante, trascendente. Jugando, riendo, acercando, moviendo, la cosa se fue dando, se fue viniendo, se fue formando, se fue moviendo. Negarlo, pensarlo, ocultarlo, las fases previas a aceptarlo. La realidad se hizo presente, me aparté de la quietud y tuve que confesarlo: fui hecha para amarte y entenderte.
Te acercás, te asustás, te alejás, te amparás bajo la moribunda falacia que hasta el rocío suave mata de que no soy lo que buscás. Pero insisto, subsisto, persisto, te digo y te repito que existo hasta que al fin me callo por algún motivo, escucho, te respeto lo distinto. Matando ego, ignorando instinto por primera vez acertado, sin más rodeos me visto con la alegría que me dejó de regalo la ocasión en que se te escapó una caricia, un mimo.
Distanciaste para acercarte, más valiente que la lluvia me dijiste que soy arte. ¿Te acordás? Y resignados al momento por lo casual causado, el vacío proliferóse de sentido, encajó toda pieza del tan entrevistado rompecabezas que nunca nadie dejó armado.
Inevitable, confiable, amable, contigo disfruté hasta la tele con cable, no hay con qué darle: en donde estés querré quedarme. Cada vez más cerca, más a gusto, más consciente de que tengo auténtico amor creciente como la luna, aunque sin parte oscura. 
La historia se escribe de ese modo, pasó de pasajera a plasmarse en la memoria, en el recuerdo, en esencia, en el fondo, en lo hondo del alma en un instante. Qué belleza querer de a dos atreverse a todo verse, con los ojos bien abiertos y los dientes muy sonrientes elegir comprometerse, arriesgarse, entregarse, animarse a comer juntos un helado que dure eternamente y en lugar de derretirte te congelaste en mi mente colmando todo con el encanto de estar venciendo al tiempo con solo volar alto, un sentir siendo eterno y te amo tanto que me prometo que no hay viento que detenga, no hay mal que por bien no venga, no hay nada que me distraiga de mi objetivo de no darte ni el más mínimo motivo para que desconfíes de que sos gigante.
¡Que nuestra piel eriza día a día les muestre lo que desde adentro todo el hoy comprende! Que el amor es esta cosa escandalosa, calurosa, color rosa, clara y borrosa que se asumía imposible por su calidad de presuntuosa en un mundo carente del combustible que hace falta para convertir el sueño en realidad posible. 



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