Esas caras dan miedo.



Los rostros perfectos, los que tienen el bienestar implantado como si fuera casi inevitable removerlo de ahí. Esas caras dan miedo. Los payasos con sus sonrisas pintadas son de temor hechos y en el fondo, tras todo el color, la mirada triste.
Más fácil manifestar la oscuridad de arriba toda junta en cualquier momento, más simple y más honesto. Que no importe no estar como se debe, no ser quien se supone, no dar lo que se espera. Valoro más los fluíres reales, los sentires verdaderos.
Porque los he visto reír sin parar donde creen que deben hacerlo y llorar a los gritos donde sea que nadie los vea. Los he visto, sin su permiso ya que curiosa sin ser gato no muero. Le huyen al equilibrio con una disciplina envidiable para cualquier asesino en serie.
Y yo me acomodo a ver la película de terror, me cubro con mi mantita calentita de lágrimas bien salidas, de enojos inoportunos y de risas repentinas; apoyo la cabeza en mi almohadón de sueños y me duermo. Si hay algo que no quiero es darme miedo.

Comentarios