Plato de patos.

Ahora me ven y dirán que sólo soy un plato roto, pero yo sé que sigo siendo hermoso. Me caí por accidente, por descuido, por resbalón. Sucedió un día en que me usaban para servir el último plato de guiso que había en la heladera. Mi dueña calentó la comida y le agregó un huevo frito, me puso sobre sus piernas y justo cuando iba a comenzar a comer la delicia que sirvió con tasto esmero en mí, me dejó caer sin siquiera darse cuenta. Me dolió, me hizo mierda y no sé si podré perdonarla. Esto sucedió hace meses. Lloró al verme porque me rompí en mil pedazos y porque sabría que esa noche tampoco iba a comer, como tantas otras noches de retorcijones que había vivido. Levantó con cuidado mis pedazos, los lavó y me puso aquí en su mesa de luz con la promesa de reconstruirme algún día y colgarme en la pared. 
Es que no fui un plato común y corriente, uno de esos platos que uno tiene y sólo usa para comer. Yo fui el plato: el más lindo, el más importante, el que nunca se supo de dónde mierda había salido, el que sin que nadie se diera cuenta siempre estuvo ahí. Fui el portador de los más ricos panqueques de canela con miel, de las mejores torrecitas de arroz amarillo de curri. Fui el primero en saborear todas las comidas que hicieron con amor, con dudas, con bronca, con sal de lágrimas e incluso con risas de marihuana y ácido. Fui el motivo de disputa de dos enamorados, que con el tiempo aprendieron a turnarse las comidas en mí y compartirme, porque fui único e irreemplazable. 
Hoy estoy roto, y nunca más seré un plato pero siempre fui amado. Ella me dice que soy aún más hermoso (la muy conchuda se las ingenia, muy ingenuamente, para encontrar la belleza en lo que no tiene arreglo), que no me va a tirar nunca, que le duele todos los días haberme dejado caer y que en cuanto sepa cómo hacer para que se vean de nuevo unidos mis tres patitos no va a dudar un segundo en reconstruirme. 
Nunca más seré el mismo plato de patos que una vez fui, pero sé que voy a transformarme en otra cosa que supere mi belleza anterior. Seré el amor, un gato, el odio, un ratón, un insecto, un árbol, la vida, la muerte o un sapo; me da lo mismo. Seré la prueba no viviente pero existente y/o subsistente de que hay cosas que son eternas, ya que mueren para renacer cumpliendo alguna otra función en este universo perfecto e infinito; en este todo repleto de nada, que a cada segundo se va proliferando de vacíos e imperfecciones y caos, pero perfecto y maravilloso donde fui sólo un plato, donde seré cualquier cosa que sea, donde estoy hecho de lo mismo que alfa centauro y que cualquier otra estrella.

3 comentarios:

  1. Suerte que este universo perfecto e infinito te tiene a vos para reconstruirlo.

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  2. Hermoso. Muy hermoso. Por momentos sentí que era un plato.

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  3. Nunca nacimos, morimos ni vamos a volver a nacer. Nunca digas nunca. Siempre fuimos y vamos a ser. Nunca digas siempre y nunca digas nunca. Trasformate, transformame..

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