Golpe.

Fue un golpe repentino, me sangró todo y caí al suelo. Pero me levanté y pateé fuerte la pared que me había golpeado. Hay cosas duras contra las que un cuerpo se puede chocar sin siquiera prevenirlo. Hay golpes tan fuertes que te hacen sentir débil, impotente, estúpido. Las letras van saliendo sin premeditación alguna, como un golpe más. Es la magia de caminar, ya sea con las manos, con los pies, con la cabeza o con los dedos. Cada paso se lleva a cabo de un modo automático; eso pensamos y sin embargo no es así. Cada milímetro está calculado, tan rápido que no se percibe. Por eso fue un golpe repentino, contra el fondo del océano, me sangró todo y me aplastó la densidad. O era una pared, no sé, no importa. El tema es que hay tanto contra lo que pelear, tanto que romper y rearmar. ¿Por qué entonces peleo sola y contra cosas inertes? Podemos pelear juntos contra todo o contra la nada. Caer al fondo, ser devorados por peces raros, o estar atrapados dentro de un auto hundiéndose en algún violento río. Se hunde, se hunde pero nunca entendí por qué se hunde si tiene aire adentro y se supone que debería flotar. Nunca entendí esa escena de la película. Debe haber una explicación completamente lógica porque por algún motivo a todo ser humano le parece normal, pero no me interesa saberla. Hay cosas que prefiero no saber, porque me permiten imaginar mi propio concepto, aunque éste viva sólo lo necesario para reproducirse (nunca es más de 24 horas), como las mariposas. Capaz que no es el real pero me tiene sin cuidado, ya que para mí todo puede ser real y nada lo es. Por eso le tengo tanto miedo al final de algo, de todo, de nada... Aún no he comprendido que los finales existen tanto como los comienzos: no existen. Ahora ya lo sé, y no tengo más miedo. Fue un golpe repentino, me sangró todo y temblé ante la belleza. Desde que me golpeó esa mirada no tengo más miedo a las cosas que antes me estremecían el alma, ¿cómo podría?
¿Cómo empezó esto? ¿Empezó alguna vez? ¿Acaso ya terminó y no me di cuenta? No sé, no sé si se detuvo o no mi proceso homeostático, si alguna vez lo hará o si tal cosa existe. ¿Qué es estar vivo si no es eso? Siempre creí que era sonreír al ver una flor amarilla o un gatito callejero siendo parte del mundo. Los gatos me gustan porque saben mirar, parecen tener la sabiduría de quien lo ha visto todo cuando están horas mirando la nada. Las flores amarillas me emocionan, desde que Julio me dijo cuando era bien chiquita (ah, mi infancia) que sabe que existe la inmortalidad porque siempre habrá flores amarillas para los hombres. Siempre creí eso y qué razón tengo. Estar vivo para mí es también poder sentir la ternura, es saber mirar, es el constante cambio del mundo que me rodea e intentar percibirlo. Todo es energía que converge y se expande una y otra vez en un ciclo eterno. Materia, desde el punto de vista más microscópico de ésta.
Fue un golpe repentino, y ahora sé que no hablaba de ninguna pared ni del fondo del océano, sino que hablaba del despertar de mi conciencia. Hablo del golpe que recibí al escuchar tu locura y poder reírme de ella, porque es como mirarme a un espejo cóncavo o convexo, donde me veo a mí. Sin dudas es mi reflejo, distorsionado, pero mi reflejo al fin. Me golpea la vida, para que aprenda lo que es vivir, para que duela y se cure, para que a cada segundo me esté muriendo. Cada risa, cada lágrima, cada grito de desesperación o de alegría es vida porque se va acercando a su muerte. Mi único papel en ella es encontrarme, descubrirme, devorarme y renacer como un agujero negro, chupándose a sí mismo hasta que se vuelve una galaxia, un infinito, una estrella o un mosquito.
Estaba haciendo algo que odiaba, estaba viviendo de un modo que no me llenaba, estaba pensando que todos eran unos imbéciles sin remedio, que nadie me iba a ver jamás porque a nadie me iba a querer mostrar. Y entonces sucedió. Fue un golpe repentino, me sangró todo y me empecé a reír de verdad. Crédula yo, que debería hacer sólo lo que quiero, llenar mi vasta existencia con todo lo que pueda, y rodearme de todas las personas que encuentre, ya que cada una de ellas es maravillosa a su modo. Por suerte sucedió, porque así me puedo levantar, patear el muro de mis propios límites, nadar en el océano de mi propia conciencia hasta llegar a la superficie de mi sabiduría y finalmente hundirme en esa mirada tan bella, para escuchar el latido de mi propio corazón.

With your feet in the air and your head on the ground, try this trick and spin it, yeah! Your head will collapse if there's nothing in it and you'll ask yourself: where is my mind?


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