Rambla de tarde.

Está refrescando. Sí, es que se acercan las nubes negras.
Es que el sol se fue a dormir acá para despertar en otro lado,
las luces de la rambla una por una se han despertado,
y la noche está naciendo, de a poquito, con cuidado.
Aparece el perro con cresta, el que parece una hiena,
vino corriendo de algún lado y Clara se deja oler por él
pero no le da más chance que esa.
Se pone a caminar como si fuera a alguna parte,
pero en realidad sólo está dando vueltas
mientras su cola se mueve alegremente,
sin ser parte de ella. La noche está naciendo,
como nace y muere todos los días,
y los autos hacen más ruido en ese mismo momento.
La gente apurada por llegar a su casa
recorre sin parar el asfalto más cercano a la arena.
Como un engaño al cansancio, como un truco de despiste,
como si así la rutina no fuera tan gris de cemento,
tan aburrida, tan muerte lenta, tan constante caída.
Está refrescando, me das un beso, venís conmigo,
la noche está naciendo y con ella un sueño vivo.

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