Jigsaw falling into place.-

Hay días en los que es inevitable: quiero salir, escapar, correr eufóricamente, hacia un lugar lleno de las-caras-nuevas-de-siempre. Pero una vez allí es otra historia que se repite, como si estuviese siempre viviendo un par de vidas paralelas más además de la que vivo. (¿Oserántodaslamisma?) Entonces conozco ese ser, me río, le doy la mano, me olvido de que la vida de siempre andaba mal,  me empiezo a quedar en el lugar feliz, siento tanto placer que estoy extasiada, lo amo. Ya sé que la historia termina irremediablemente en la locura, la noche boca arriba, con los ojos abiertos. Ya sé que al final los aullidos de perros y las quejas de los vecinos. Mucho ruido, como el trazo de un oleopastel en manos de un niño de apenas tres años. Mucho ruido, y ya sé que se va a ir. Mucho ruido mientras su silueta se hace pequeña a causa de la distancia. Mucho ruido, tanto que me pierdo en él.
A veces de solo pensar en el dolor de cabeza que tendría me dan ganas de huír antes de que huyan de mí. Pero aún así termino dando  mi vida por ese momento, aunque nunca se sabe... ¿Estoy acá o es un sueño? Mis manos siguen siendo mis manos, pero de todos modos la antes pequeña duda existe, resiste, insiste, firme, alcanzando magnitudes increíbles: ¿no será lo mismo soñar y estar despierto? O mejor aún, ¿cómo sé si esto es o no un sueño?
Es un puzle resolviéndose, las piezas cayendo en su predestinado y definitivo lugar. ¿Qué imagen se plasmará al final? ¿Por qué tiene que haber un final? Mmm, qué dicotomía, qué rico, qué delicia pensar en la eternidad. No hay forma de describir una sensación con palabras. Son demasiado represoras y violentas. El lenguaje en sí coarta la libertad del sentir, del ser, no se puede. Dale, explicame, ¿cómo querés que te explique? Si no lo entiendo ni yo.
¡Basta! No quiero resolverme más. Me quiero despertar, pero al revés.

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