Que pinte de colores.

Soñé con un pincel enorme que yo iba llevando por un mundo totalmente gris. Sólo mi pelo era rojo; mi sangre era negra y el cielo azul era un blanco apagado, desolador. Corrí y corrí en busca de algo que pudiera usar de pintura para darle al mundo algo de color, ya que los tonos de las cosas iban del cielo a mi sangre. Sólo tenía un pincel, una lágrima, mi blanca y desnuda piel. Era desesperante que todo lo que veía fuese así de triste, de vacío.
No, no planifico, casi siempre improviso. Necesito espontaneidad, es mi alimento como la sangre para los vampiros, así que corrí y corrí por horas, pero era como que prácticamente estaba volando porque no me cansé ni un segundo. Mis piernas eran larguísimas y yo era gigante, lo único vivo en ese lugar. Corrí y corrí con mi pincel, sin mirar hacia atrás. Me distraje por unos instantes mirando como me rebotaban las tetas a cada paso y seguí mirando al frente.
Llegué a un río rosado, y empecé a salpicar el piso, fueron apareciendo niñas con muñecas que se pusieron a jugar correteando entre algunas flores. Después pintó el azul, ese no sé de dónde salió porque supongo que al ser un sueño las cosas no tenían mucho sentido, pero con el azul claramente pinté el cielo, mi ropa y algunos recuerdos. 
Así fue con todos los colores: mi pincel se iba llenando de color y el mundo se creaba con la pintura que tocaba las cosas. Cuando encontré el rojo pinté al amor, pero no pude verlo. Es intocable y tiene más colores, tiene todos los colores. Reí con él, me subí a su moto, le di un abrazo y se fue. Me dijo que iba a volver, o más bien que siempre iba a estar conmigo aún cuando yo no me diera cuenta. 
Besitos en el cuello me daban las flores. Entonces escribí en el suelo "que pinte de colores" y las letras perdieron la calma, se pusieron a bailar. Me acostumbré a delirar en este mundo, me encontré un poquito más cerca de mí, de mi loca realidad. Si le temo a mi locura me va a comer, como los perros huele el miedo. Así que dejé que mi pincel pinte de colores y seguí riendo por ahí.
Me desperté y el mundo era más gris que el de mi sueño. No tengo un pincel pero tengo una sonrisa, unos pelos locos y una voz raspadita, intentaré que todo lo que pueda pintar, que pinte de colores.

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