Pobre de nosotros.


 Rayitas no me entiende, no quiere entender y no entiende cómo es que no paso por la ventana como él, por qué extraño motivo mi cuerpo no podría hacer las cosas que él hace. Le parece evidente que puedo hacerlo, que puedo pasar por la ventana y darle comida y tirarme en el sillón a hacerle mimos todo el día... Pero (pobre de él) no entiende que soy muy grande, que puedo pasar por la puerta y no por la ventana, que perdí las llaves y tengo que esperar a que alguien llegue a la casa. 
 Rayitas no entiende de tamaños pero sí de dimensiones, las observa todo el día en cualquier lugar de la casa, se queda horas y yo creo que simplemente se posa sobre algún tipo de portal y (pobre de mí) no puedo ver más que su cuerpo sentado meciéndose dormido, mientras en realidad está en otra dimensión siendo vaya-uno-a-saber-qué. En esta dimensión, es un gato que caza pájaros y después viene a reclamar mimos: es el rey. 
 ¡Es tan hermosa su costumbre! Se sube a los árboles y espera, cuando el momento llega él realiza su maniobra con delicadeza y atrapa al pájaro en su boca. Éste, inmovilizado, se dedica a entonar las más tristes y agonizantes notas durante minutos, mientras se derrite entre los dientes del felino que esta realizando su segunda espera (lamásdulce). Cuando el plumífero deja de cantar (aunque no ha muerto aún) Rayitas lo suelta y se lo empieza a comer, crudo, vivo, frente al barrio horrorizado que propone matar al gato que se está comiendo al pájaro crudo, vivo, frente a los niños. Todos en la casa nos indignamos mucho de la creciente indignación popular. No necesito explicar por qué me parece indignante que quieran matar al gato que se alimenta de la forma más natural. Entonces él vuelve a casa satisfecho y yo lo acaricio.
 En una ocasión, Rayitas no me entendía, porque mientras esperaba a alguien que no había sido tan idiota como yo para dejar las llaves vaya-uno-a-saber-dónde me dedicaba a pasar por la ventana de la cocina una y otra vez solamente para divertirme viendo a Rayitas desesperarse intentando que pueda realizar el simple acto de pasar por la ventana observando e imitando sus movimientos.
 Claro está que no lo hice, ¡está loco! Yo no puedo doblarme tan majestuosamente y pasar por una ventana tan angosta, mi cuerpo es grande y torpe.  
 Pobre de nosotros, Rayitas, no nos estamos entendiendo, pero cuando yo pueda entrar te prometo que te pondré comida en el plato, luego esperaré mientras te cazás un pájaro o dos, y al regresar te estaré esperando en el sillón para que nos hagamos mimos hasta quedarnos dormidos. Allí, en el sueño, yo seré un gato y tu un humano, y yo no entenderé cómo (aún teniendo tú mi cuerpo y yo el tuyo) podrás pasar por la ventana y yo no.



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