No me puedo morir.

        Si hay algo más terrorífico que la idea de no verte nunca más, sin dudas es soñar que me muero y no te importa. En los sueños he muerto tantas veces, de maneras tan diferentes, pero en ninguno de esos casos hubo alguien viéndome morir, es una sensación nueva y a decir verdad bastante desagradable. 
        Además era una muerte muy extraña: me apretaba un grano que me había salido la pierna derecha (un pequeñito grano perdido en la inmensidad de mi piel) y de él salía una vena reventada y se iba saliendo el pus y la sangre. Primero era una cantidad insignificante, pero iba creciendo en demasía y así mi desesperación. Vos estabas tirado a mi lado mirándome, durmiéndote, mientras trataba de gritarte que no me podía mover, que me ayudes, que me iba a morir, y no podía. No podía gritarte ni me podía morir, ¿cómo me voy a morir ahora? ¿Tiene que ser ahora que estoy tan llena de vida y de ese sentimiento patético que llaman esperanza? No hay dudas, hoy soy inmortal, no me puedo morir.
        Todavía tengo cosas que decir, no me puedo morir. Sigo teniendo la capacidad de jugar con la muerte, estúpida insolente que no entiende del amor ni de los sueños. Aún puedo reírme del tiempo, que amenaza con envejecerme mientras le muestro que siguen en su lugar mi niñez, mis tetas y mi adolescentismo. Me quedan noches para reír la vida, pasaje extraño la vida, entre algo que no recuerdo y otra cosa que nunca entenderé.
        Así que ayudame la próxima vez que este muriendo desnuda a tu lado, no te quedes dormido. Coseme la herida con un fideo largo y una aguja de tejer. No me puedo morir sabiendo que te podría ver todo el tiempo estando viva. Sería un desperdicio y por eso no será.

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