Que crean, mientras yo deseo.


¡Qué hablen! ¡Qué hablen los que no saben! Dejenlos, por favor, soltar su aliento pútredo, repleto de crueldad, ceguera y patochada. "La humanidad es una especie prometedora" dijo el mejor de los Carlos, y yo creo que tiene razón con respecto al hecho de que no somos más que promesas. Por eso, dejenlos que sigan con su sed de una justicia que ante el cuestionario no pueden ni definir; que anden por ahí con su vacío espiritual proliferándose como un montón de cucarachas en la oscuridad...
¡Qué sueñen nomas! Que sueñen con el día en que se puedan encarcelar los niños delincuentes excluidos por ellos mismos, que van por el mundo vivos y furiosos, arrebatándole a otros lo que nunca se les dio; qué sueñen con el día en que desaparezcan esos niños y puedan entonces dejar de poner en sus autos vidrios polarizados.
Hay que permitirles creer en que los nuevos-estudios-revelan-que y pensar que tienen la mente abierta por rezarle a un científico en vez de a un dios.
Me cansé de explicarles, de tener paciencia, de querer ayudarlos; los voy a dejar que sigan creyendo que piensan. Ilusa yo, creyendo que un argumento acertado bastaba para derribar cualquier muro construido con ladrillos de falacias, mientras que en lugar de muros se construían imperios ante mis ojos, repletos de niños con armas de juguete, combos agrandables y respetables señores vestidos con blanco-rojo prometiendo una seguridad que ellos mismos le quitaron a la misma gente que los aplaude y apoya.
Ya fue, yo me bajo de este tren. Mi único deseo para este mundo que no entiendo es que en algún momento mueran los vendedores de disfraces para que al fin podamos ser honestos con nosotros mismos, que en vez de lavanderías se abran facultades, y en lugar de locales de comida rápida haya más bibliotecas... Mi único deseo es que en algún momento, los que no sabemos al fin sepamos.

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