El alma.

Dentro del cuadro, René Magritte.

     Me estaba quedando dormida, y un niño me despertó preguntándome qué hay en el alma de un violín. Yo quedé perpleja hasta que me aclaró que lo preguntaba porque al día siguiente tenía clase de música y le habían mandado a responder esa pregunta a modo de tarea domiciliaria. 
     Primero pensé en la fuerza que tiene este instrumento, en el sonido que salen de sus cuerdas y que tantas veces me ha hecho estremecerme hasta ser una bolita pequeñita; así fue como se me ocurrió que quizá en un violín habían mujeres suaves, luego que podían ser mares agitados, y finalmente apasionados amantes. Ninguna de estas posibilidades era la respuesta adecuada a la mencionada incógnita. 
     Le dije entonces que dijera que habían flores (siempre alcanza con hablar de flores para ser tomado por buen-poeta) pero que en verdad el violín es sólo un violín... El alma está en quién lo toca, quien lo acaricia, quien lo hace llorar o reír dándole vida. Lo que sale del violín puede hacernos sentir que somos un caramelo derritiéndose en la boca de un niño que ríe y es feliz, o una lluvia fría que cae mojando el asfalto de una noche triste. Podíamos ser eso, como podíamos ser el sorete que le sale del culo a un perro estreñido. No es justo echarle la culpa al violín y lo que tiene éste adentro de su alma, de lo que un simple ser humano pueda sacar de él. 
     Y además, ¿realmente es posible ver qué hay dentro del alma?

2 comentarios:

  1. No. Ni en la propia ni en la ajena.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cortito y al pie. Me pregunto si algún día los comentarios en mi blog tendrán nombre.

      Eliminar

¡Contame todo!