Ser desconocido.



Me veo en todos los lugares, me veo caminando con el pelo rojo (ondulado al viento) y me miro pero no me hablo. No quise que nadie sepa que me quiero, así que he decidido callarlo. Cuando tuve oportunidad de hablarme me dejé pasar, para que nadie me vea. Me veo en todos los lugares en los que alguna vez anduve y también en los que aún no he estado. Me veo porque no estoy, me quiero ver y me imagino. Me imagino un mundo distinto, uno que nadie entendería y que más que nada es fantasía, que recorre junto con mis pasos descalzos todos los verdes pastos. Quiero encontrarme para entenderme, y saber que alguien me entiende. Sin dudas quisiera amarme, penetrarme con mi respiración los pequeños poros del tacto, con mis palabras satisfacer mi mente, con mi cuerpo deslumbrar mi alma. ¿Pero qué es lo que pasa? ¿Acaso no soy suficiente mujer para hacer feliz a mi mirada? ¿Por qué lo sigo intentando si no soy capaz de darme nada? Ahí me vi pasar ignorando mi presencia y por primera vez me animé a hablarme.
- ¡Hey! ¡Tranquila! -me dije- ¡No te haré ningún daño!
- Claro que no, por eso me alejo... No quiero mimos, no quiero besos. Quiero lágrimas y quiero eso... Siempre algo más voy a necesitar -me respondí y me dí la vuelta, para no hablarme más.
Esas fueron las palabras que al tiempo me hicieron comprender: hay cosas de mí que no conozco, y dudar de uno mismo siempre viene bien.

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