(De la subjetividad del poema)





Los caballos atados son los seres más tristes.
¡Como quisiera a todos un abrazo darles
pa' que tengan siempre sueños felices!

Caminan siempre lento, 
pero cansados todo el tiempo.
¡Y yo que quisiera verlos 
reirse al correr por el viento!

Y el tiempo, grandísimo traidor,
fiel seguidor de la monotonía...
Aquella que transforma los alegres pasos
en la más lenta melodía.

¡Rían! ¡Vuelen! ¡Corran!
¡Corran libres de una vez!
¡Que el mundo está para comérselo 
de la cabeza a los pies!

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