Te vi irte triste.

          No pudo decirle nada. Nada que realmente quisiera decir. Quería preguntar tantas cosas. Tenía millones de dudas. Sus manos sudaban y sus sueños se iban muy lejos, o muy cerca: la situación era rara... Cruzarse en un tren después de tantos años sin subirse a uno era algo raro. Recordaron al instante las tardes de sol que se transformaban en noches (el humo de los cigarros que se acababan todo el tiempo, el aroma que le quedaba a ella en el cabello (a cerveza, a viaje, a humo, a tranquilidad), la risa de él que despertaba a los trabajadores cansados, las cosas que se decían, los mimos de lejos cortos pero intensos) sentados en trenes que no sabían a dónde se dirigían. Pactaban verse así, porque era secreto, porque era sólo algo suyo: "nuestro" decían mientras se miraban. Hablaban horas hasta que se terminaba el tiempo del que se habían forzado disponer, se decían palabras, se decían miradas y jamás se besaban, porque podían arruinarlo todo si algo tan terrible pasaba. Sólo podían verse... Mirarse. ¡Aquellos días! Nunca volverán.

          Pasaron años sin verse; sus vidas, sus cuerpos, sus miradas eran diferentes a lo que habían dejado cuando no soportaron más el deseo de algo prohibido hasta para ellos mismos. Él le confesó al verla que hace muchísimo tiempo no subía a un tren y que la última vez estaba a su lado, lo cual la incomodó porque tuvo que admitir que sí lo había hecho varias veces en esos años, pero sin compañía. No sabe si esperaba cruzarse con él o con ella misma; al fin y al cabo era lo mismo. Esta vez algo los había llamado a ese lugar, a esa hora, a los dos, sin motivo alguno.

          Estando ahí pudieron únicamente intercambiar algunas palabras simples (de esas que no quieren decir nada) hasta que él dijo que se tenía que ir. Lo vio irse triste y no pudo decir nada porque algo en su interior supo que estaba triste por el hecho de que ella lo viera. Es muy difícil decir algo atinado cuando no se sabe qué decir. Sólo pudo dejarlo ir, fingir una sonrisa y seguir su propio viaje, con el sueño presente de alcanzar eso que no tiene nombre pero que es lo que ella siempre pidió a gritos.

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