Querida, ya no llores.



Todo irá bien, querida. 
Deja de estar triste, que se te arruina el maquillaje. 
Te compraré esos zapatos que te gustan 
que hacen juego con tu cartera roja 
y el vestido que te hace ver con clase
ese que sabes que me gusta mucho, querida. 
Nadie sabrá de dónde te saqué 
porque tu exterior será tan perfecto que será evidente 
que te hicieron los pájaros con sus alas volando 
y en vez de leche te amamantaron con oro, querida. 
Saldremos a comer para que todos vean 
lo bella que eres cuando no lloras, querida, 
cuando esa sonrisa tan pura 
se impregna en tu cara 
y el silencio te vuelve tan hermosa. 
Luego tal vez pasemos la noche 
en alguna sofisticada habitación, querida, 
donde no tendrás que limpiar porque 
hay personas con menos suerte que tú 
a las que les pago para  hacerlo. 
Desde la ventana de seguro verás la luna,
 con su reflejo en el océano 
pero no tendrás miedo a la enormidad 
ni tendrás dilemas existenciales, querida,
 porque yo estaré ahí con mi ingenio, 
mi dinero y el vodka, 
para cuidarte de pensamientos herejes que puedan invadirte
y de los malvados que se aprovechan de jovencitas
 indefensas e inútiles como tú, 
querida. 
Jamás lavarás un plato
 porque gastaré mucho dinero en tecnología y sirvientes
 para que no hagas ningún esfuerzo y seas siempre suave,
siempre joven, siempre dulce y pulcra, 
querida.


Sólo serás mía, querida, nada más.

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