Trip, trip, trip.


Amarillo salió de una luz y vio el mundo entero, naciendo. 
Sus ojos se estremecieron
 porque sabía que nada sería igual y que ahora había salido de una luz. 
¿Una luz? Sí, una luz, una lamparita amarilla que inundaba el amanecer mientras éste se derretía cual helado en boca (caliente boca). 

Amarillo dejó de entender (o de creer que entendía) 
y se largó a llorar. 

¿Cómo podía haber sufrido tanto en un mundo que sólo le pedía amor? 
Se paró lentamente, se quedó quieto mientras se desnudaba, se secó las lágrimas con tres dedos, estiró sus brazos con fuerza y con sus labios (que vuelan a donde quieran)
besó el sol, Amarillo Sol.

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