¿Para qué un título?


Si nunca sé lo que voy a decir... ¿Y para qué saberlo? Si al final todo me sorprende y me deja boca arriba... Anoche miraba los omnibuses y me parecían seres raros, que comían y escupían gente en cada parada. Cuando al fin me tragó el ómnibus que quería que me trague, mientras esperaba que me escupa, me puse a leer uno de los libros que me regalaron por cumplir años. Nunca dejará de parecerme rara esa costumbre... ¿Para qué regalar cosas a la persona que lleva un año más aquí? Si de última, todos los días pasa un día más aquí y nadie le da nada por eso... Siquiera una sonrisa... No, nada. Bueno, a veces sí... El amor... El amor siempre está. Pero no, me refiero a lo material. El amor no es material, es indescriptible. No puedo ponerle palabras al amor así como si nada, pero sí quisiera recibirlas. Pero, ¿para qué? Si nada es eterno más que mi propio universo, y en él esas palabras que el amor me dé perderán sentido cuando ese amor termine... A no ser que no termine. Ojalá nunca termine... Oh, el encanto que ofrece la idea de la eternidad... Nunca dejará de encantarme. Me sentí vacía cuando llegué a casa temiendo que el amor termine; no supe qué hacer. Seguí leyendo, no quería dormir. ¿Para qué dormir? Si los sueños nunca se cumplen y las pesadillas a veces sí. Dormir sólo me da más miedo que estar despierta, y a su vez más deseos de no despertar y quedarme ahí: atrapada en un buen y eterno sueño. Oh, la eternidad... En algún momento se me cansaron los ojos y tuve que ir a dormir. No tuve éxito, porque aunque estuviese cansada no podía cerrar los ojos; aunque el hombre que amo me abrazara no podía rendirme ante el manto de Morfeo. Lo único que quería era correr por una playa, desnuda, sola, gritando fuerte. No quería gritar palabras... ¿Para qué gritar una palabra? Si se puede usar la música del lenguaje sin preocuparse por el sentido del mismo. Anoche quise con todas mis fuerzas estar ahí gritando fuerte, con fuerza. También quise estar en un campo; en el medio de uno donde no pudiera ver nada. Quería estar ahí boca arriba, sola, desnuda, mientras la llovisna fría de unas hermosas nubes blancas en medio del oscuro cielo me paralizara por completo. Entonces comprendí, y me sentí triste al hacerlo. Comprendí que me falta poesía, y que eso me preocupa y me quita el sueño. Hace mucho que no escribo, y odio hacerlo de esta manera. Detesto escribir sin saber a dónde quiero llegar. Pero ahora que surgieron tantas preguntas lo sé. Sé a dónde quiero ir y quién me quiere ver. Sé que todas mis inquietudes son en verdad porque la poesía me está consumiendo por completo y entonces las palabras van perdiendo sentido, van adquiriendo el sentido opuesto al que siempre tuvieron, o van adquiriendo cualquier otro, o van perdiéndolo todo... Es que si no abriera tanto los ojos... Es que si no viera tantos detalles... Es que si no hubiera tanta poesía en cada cosa que pienso... Es que si no abriera tanto los ojos, dormiría mejor.¿Pero para qué dormir mejor? Si orgullosa al fin estoy de haber elegido ser quien soy.

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