Mi hermano de seis años me contó lo que voy a contar.

Mi hermano Azul tiene sueños, y pesadillas también. Porque a veces tiene pesadillitas. Sus pesadillas son de miedo, de terror, de monstruos. Todas las veces que sueña eso se vuelve loco. Azul quiere jugar con nuestra madre cuando no está dormido y hacer algo divertidísimo, pero ella tiene que trabajar, ordenar, y estar en su computadora. Entonces Azul se pone a pensar mientras se aburre y asume que prefiere sus sueños que sus pesadillitas, como la mayoría de la gente. En sus sueños hay plantas, ardillas, zapatos voladores y dragones; y cuando un dragón se ve, un zapato también. En sus sueños se le ocurren cosas, como ser que de grande quiere vivir de vender frutas en los ómnibus porque sabe que sería genial que la gente coma más frutas y menos caramelos. Los caramelos son ricos, pero en exceso hacen mal. Si hay algo que lo entristece es sin duda que se enojen con él, que no lo entiendan. Le molesta que nadie vea que él sabe que es como es y que está orgulloso. ¿Por qué nadie se alegra de que Azul sea esperador, jugentón, alegrón y molestón? ¿Por qué papá y mamá se pelean sin escucharlo gritar "¡Basta!"? Cuando ve que no lo entienden se pone triste... Pero siempre sabe que si espera, todo cambiará de repente y estará jugando en la plaza de las muchas cosas. ¡Pam! ¡Bam! Fin colorado, todos los monstruos han muerto. Es un final feliz, dice... Y tiene razón.

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