Nadine y Cronopio.

Estos dos seres que decidí no describir para huir de la subjetividad, flotaban en un lugar que prefiero no detallar para que cada quién se ubique donde guste. Lo hacían de forma tal que estaban lejos el uno del otro. ¿Todos lo ven? Dos seres que flotan, cada uno por su lado. La pregunta es: ¿por qué remarcar que estaban lejos? La respuesta es simple: estos dos seres se acercaron en determinado momento, y cuando lo hicieron descubrieron que la objetividad es un concepto utópico y que no pueden sólo ser, ellos descubrieron que son moléculas de agua formando parte de una esponjosa y blanca nube que a su vez está allá en lo más alto del cielo. ¿Cuál es la novedad? Es ya sabido el ciclo del agua desde que vamos al jardín y la maestra pre-escolar nos dice con muchos colores y soles sonrientes por qué llueve y por qué el agua es importante. Pero el ciclo del agua no es el punto, y las dos moléculas de agua tampoco. El punto es que no hay punto, y que cuando ellas se unieron comenzaron a descender. En ese mismo instante Nadine y Cronopio caminaban por una calle cualquiera mientras una espesa y misteriosa niebla los alejaba por completo de cualquier universo conocido. Era de noche. Iban rumbo a su mundo, lleno de sueños y cositas lindas, mas el camino era en exceso aterrador: venían de una decepción cinematográfica, los sonidos de sus pasos se escuchaban cada vez más fuerte, la calle estaba totalmente vacía, la niebla los cegaba por completo y a menudo sentían pasos cerca pero no veían nada. Ella quiso seguir caminando antes de considerar otras opciones, así que decidió preguntar de qué estaba hecha la niebla, lo cual para su sorpresa no tuvo mas respuesta que algunas confusas especulaciones. Decidieron volar entonces, después de discutir un buen rato si era o no necesario (todos sabemos que volar no es gratis) y sólo así llegaron vivos a su mundo. 
A todo esto las moléculas descendían cada vez más rápido, pero aún no terminaban de caer ya que el camino del cielo al suelo es demasiado largo como para llegar de toque. Mientras bajaban se preguntaban cosas, se conocían, se juzgaban, se seducían... Se gustaban. Una preguntó a la otra dónde quería caer, porque ella no sabía cuál era su lugar predilecto. Todos sabemos (gracias a esa maestra pelotuda que nos trataba como idiotas en vez de hablarnos como personas) que las moléculas de agua caen muchísimas veces del cielo al suelo, y que también suben, por ende deducimos que como seres que son, poseen preferencias personales con respecto a sus destinos. Bien, cuando una le preguntó a la otra dónde quería caer ésta le respondió: "Quiero caer donde nunca haya caído, donde exista el amor y el fuego esté encendido" a lo cual se hizo un silencio, un intercambio de sonrisas o acaso unos cuantos besos. 
En eso Nadine y Cronopio se lavaban los dientes mientras hablaban de lo mal que les había caído la comida, de lo mucho que se aburrieron viendo "Batman: The Dark Knight Rises" y de lo divertido que fue ver a Nadine mientras reía tirando entero un pop grande escaleras abajo entre los demás espectadores, justo en las escenas de suspenso. Finalizada su conversación de viejas chusmas y su ritual de cotidiano aseo, se dispusieron a finalizar el día bajo el calor de sus frazadas, junto a los roces de sus cuerpos y entre los abrazos que sólo se ofrecen por verdadero amor. De pronto sintieron un mínimo ruido, corto y de bajo volumen. Ella abrió los ojos y advirtió que había una gotera y que debían poner algo para retener el agua que se filtraba por el techo, impidiendo así futuros charcos y manchas de piso. Pronto el recipiente escogido fue juntando agua. Una de las gotitas (supongamos la número 17 o acaso la 25 en caer del techo al tacho), estaba compuesta por dos moléculas de agua. Era una muy pero muy mínima gotita, casi imperceptible, pero aún así fue la única capaz de escuchar y comprender el siguiente diálogo que comenzó cuando parecía que la noche era lo único capaz de comenzar: 
-¿Viste las nubes? -interrumpió el silencio Cronopio, preocupado. 
-No, no las ví hoy... -respondió Nadine, con un enorme sentimiento de culpa en su tono de voz.- ¿Cómo están? ¿Vos las viste? 
-No, tonta, quiero que pienses en una nube. 
-Ah, sí, ¿qué pasa con la nube? -dijo mientras bostezaba. 
-Nada, que la niebla es eso. 
-¿Es el cielo que baja a tocar el suelo? -preguntó sorprendida. 
-No, es una nube que está a la altura mínima por fenómenos climáticos. -dijo contagiado del previo bostezo. 
-No, es el cielo que extraña al suelo y como no puede bajar manda a las nubes para que le hagan mimos. -aseguró Nadine, sin dudar ni un instante la veracidad de su explicación y luego agregó- y el suelo hace lo mismo cuando se pliega formando montañas. 
-Te amo. -sonrió él. 
-Lo sé, yo a tí. 
Finalizado el diálogo se durmieron con calma, entrando despacito y juntos a la otra realidad. Nadine se despertó en un sueño y pudo observar dos moléculas de agua que se amaban, y eran el cielo y el suelo, y eran ella y Cronopio.

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