Silencio.

Me despierto, tarde y te miro. Te miro ahí tan cuestionable... Tan cuestionable tu belleza. ¿Sos muy linda o sos muy fea? No sé. Me callo la boca y te miro, e imagino que soy un tipo afortunado, y que sos rubia y bailás bien. Pero no, no lo sos. Sos morocha, y bailás como el orto. Me callo la boca y dejo de mirarte. Cierro los ojos, e intento dormir más; pero ya dormimos quince horas, y mis ojos duelen si los cierro dos minutos más. Así que me digno a pararme, vos me seguís, como siempre. "¿Qué te pasa?" decís, una y otra vez, insistente y molesta. ¿Qué me pasa? No sé, te detesto cuando me despierto, e incluso a veces cuando me voy a dormir, aunque te haga la cena primero. Ya hablamos de lo que pasó, y me siguen quedando dudas. Callado, te hago la cena y comemos. Sos tan cerda y poco delicada. ¿Qué me pasa? Si hace tres semanas me encantabas. ¿Qué hago? Es todo lo que hago, preguntarme qué hacer. Y vos también te preguntás que voy a hacer. Pero no hago nada, me callo la boca y te miro. Te desesperás y hablás mucho, mucho, mucho, y yo me callo la boca y te miro llorar y cortarte el brazo y desesperarte. ¿Sos linda o sos muy fea? ¿Me estás diciendo la verdad o me estás viendo la cara de gil? ¿Te miro, me sonrojo y tiemblo o te miro, te escupo, corro y no miro atrás? Por ahora te miro, y me callo la boca, y pienso. 
¡Cuánto hay tras un silencio!

Comentarios

  1. Sé mucho sobre silencios. Valdría más no saber tanto... la imaginación lo cubre todo en este relato.

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    1. Evidentemente todos sabemos sobre ellos, pero conocemos sólo los silencios que guardamos... Mas no sabemos de aquel que guarda el ser que amamos. La imaginación siempre aporta lo peor.

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