No te creo.

No lo hago porque sé que no es verdad, aunque quiero creerte, 
no pienses que me gusta desconfiar de ti... 
Busco, busco y busco la manera de descubrir la verdad que ya sé, 
con la esperanza de estar equivocada, y ahí está otra vez, y se ve que no entendés. 
No vas a entender cuánto me duelen las cosas... 
Yo, dejando de hacer cada cosa que te molesta, y vos, 
riendo cuando te digo que si no me abrazás tendré pesadillas. 
Otra vez, no te creí, y otra vez me comporté como una idiota, 
pero el único resultado fue darme cuenta de que sos un idiota. 
Me paro, decepcionada. Pienso la situación. 
Intento ser racional, queriendo despertarte a piñas. 
Y entonces, la solución llega a mis manos, al comenzar a acomodar letras: 
te vas, ahora mismo, porque no te creo.

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