El tiempo que me quede.

Salí a caminar, en busca de eso que me llame la atención, para llamar a toda mi gente y mostrarles el festín. Y vi de lejos, como uno de los gigantes de dos piernas aplastaba una hermosa y gorda cucaracha. Había un gigante de dos piernas y voz aguda que comenzó a reír a carcajadas, ya que se había asustado de lo que ahora sería mi comida. Sos increíbles los gigantes... Nos temen sin motivo, y nosotros que deberíamos temerles por su tamaño, simplemente los ignoramos. Así que llamé a mi gente, como me obligan a hacer cada vez que algo así sucede y les indiqué el camino. Si no lo hago me echan, y dudo mucho que pueda sobrevivir mucho tiempo sin ellos. A los minutos todo mi mundo estaba allí  feliz. Se ponen felices cuando pueden hacer lo que deben hacer. ¡Qué tontos son! En lugar de buscar hacer cada uno lo que quieren hacer, deciden ni siquiera plantearse hacer las cosas que desean. De todos modos no pasa solo con mi gente. Los gigantes también tienen ese problema: creen que no pueden hacer nada de lo que desean hacer y viven su vida tristemente pensando que así debe ser... Buscan e inventan dioses para justificar sus penas, y decir que por algo debe ser, que algo habrán hecho mal, que se lo merecen. O se consuelan pensando que así está bien, que todos están en la misma, que asi debe ser, que el destino, que es lo que les gusta, que se sienten bien así  que no se sienten solos, que son felices de llevar la vida que llevan. Todo esto lo sé porque un gigante de voz aguda me lo contó. Aprendí a hablar como él, de mirarlo tanto. Su forma de moverse, de mirar las cosas simples, de escapar del malestar. Amo a ese gigante de voz aguda, porque me dijo que aunque sea pequeño, el mundo es tan mio como de cualquier otro. Y aunque suene a moraleja del final feliz de la película de niños sobre insectos que cumplen sus sueños, agarro mi mochila y me voy, en busca de algo que me parta la cabeza, para quedarme ahí  el tiempo que me quede, antes de ser una cucaracha aplastada por gigantes y devorada por insectos. 

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