No tengo miedo hoy.


El viento movía al vestido. El sol y los autos rodeaban la casa enorme donde personas suelen hacer leyes en pos de un futuro justo, pero no, ese futuro no llega. Somos víctimas de un presente eterno. Soñar no cuesta nada, pero no llega a ser real porque el mundo ve una hoja donde hay una hoja, pero no ve una pluma donde hay una hoja ni una canoa donde hay una hoja, y no es real nunca aquel sueño que uno tuvo y queda por esa, porque hoy es hoy y siempre será hoy, pero los cascarudos... Los cascarudos son víctimas del viento, y de la falta de solidaridad y empatía, por la cual los señores que hacen leyes no logran hacer un futuro mejor, y se quedan en este enfermizo presente egoísta y apático. Es época de cascarudos, y éstos gozan de salir a caminar solos, sin rumbo alguno, siguiendo su instinto. ¿Quién es capaz de impedirles algo tan hermoso? El viento movía a mi vestido verde, mientras yo andaba paseando cual cascarudo al sol, atontada y loca. Y entonces, la sorpresa; el evento desafortunado que cada historia debe tener... El viento movía mi vestido y lograba a su vez que los cascarudos se elevaran levemente y pegaran una especie de voltereta, quedando patas arriba, sin que nadie los ayude, sufriendo la desgracia de pasar quizá más de la mitad de su vida agitando las patitas desesperadamente gracias a su fisionomía, que hace del acto de quedar nuevamente con los pies en el suelo, una cosa muy complicada. El cascarudo afligido se deja morir, viendo pasar seres enormes, y deseando que uno lo pise antes que pasar esa hermosa tarde de sol sin poder continuar su paseo. En ese instante me detuve, mi vestido se siguió moviendo, y yo me incliné, sintiéndome una heroína honesta y respetable y empática y solidaria, y los di vuelta uno por uno. Tuve la revolución en mis manos, y fue esa. Mirarlos, acercarme, rozarles levemente con el dedo y decirles "Hey, no tengan miedo que el viento va a parar. Yo me quedo con ustedes hoy". Ellos sorprendidos se retiraban asustados, continuando su caminata velozmente, felices de seguir con vida. Si yo fuese un cascarudo, me sentiría muy triste si no me dieran vuelta... Si nadie lo hiciera no podría volver a besarte, ni a bailar en tus brazos y sentir con mis manos tus manos y con la piel de mi cuello la punta de tu lengua... No podría mirar tus ojos y reírme de cualquier pavada pa' disimular que me intimidan  Simplemente no podría, me hubiera quedado ahí  pataleando como un niño encaprichado. Entonces sólo puedo decirte lo siguiente: gracias por darme vuelta. El viento movía mi vestido, pero la lluvia va a parar, y no tengo miedo porque te quedaste conmigo hoy. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¡Contame todo!