Extraña calaña.

¿Y si te tuve hace un rato y extraño me resulta estar ya extrañando tus brazos? Que locura, que lo cura en la ciudad. El dulce rosado y dulce y no muy frío  al ritmo de un paso veloz, y húmedo, de tu mano, la sonrisa de oreja a oreja que anticipaba el momento del bajón y claro dejaba que toda espera en algún momento vale la pena. Te deseé, te soñé, y después de mucho tiempo te besé. Y ahora no importa que pase, y ahora sos y soy, no somos nada. Y estoy comiendo queso con mayonesa y mi viaje está salado, y anoche dormí en tus brazos, y qué extraño... Y te quiero y es raro, es raro, es raro. Las nubes no son de algodones. Y no te quiero a la vez porque la parte común de mi ser me dice que es una locura sentir algo por alguien que no conozco y que no me dice lo que piensa. Me pierdo entre los recuerdos, de a ratos. Pero en seguida veo tus ojos y los de cualquier otro, y la soledad se va, y ya no estoy triste y el recuerdo es recordado de un modo que sólo se dio a tu lado.

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