Poesía

Defino poesía, cuando veo una flor. Una flor amarilla, por supuesto. Cuando lo supuesto no se supone, y lo que no se supone me sorprende. Lo que me sorprende me asusta, y eso me encanta. Tanto como en el instante en que te veo y mi canto canta. Canciones de vientos fugaces que dejan su huella y se fugan. Se fugan los versos de mi boca como cucarachas de la luz. Ilumino entonces mi mente y me pregunto: ¿qué es poesía? Las noches a tu lado, los besos mojados, las arañas colgando, balanceándose, flotando, volando, arañando. Las arañas arañan y tejen su tela-araña. La tela-araña el papel y lo vuelve seda que cuenta historias que no tienen sentido, porque nada lo tiene y si lo tiene es el contrario. Porque todo es un sinsentido y el sentido fluye entre sensaciones. Porque lo digo todo, y siento que no estoy diciendo nada. Nada de nada nadando nadadas nadas de nada. Nadita. Y es que no soy poeta, simplemente soy niña. Niña atrevida y asombrada, estimulada por el mundo ya que todo es hermoso y desconocido. Por eso me atrevo a definir poesía. Poesía es lo que aparece cuando parece que todo va a perecer, y entonces lo perecido revive a cada letra que se une con otra cuando formo palabras y decido que me atrevo a atravesar y atraversar. Doy contra un muro pa' poderlo derribar. Lo atravieso y lo atraverso. Defino poesía, cuando tras ese muro, hay una flor amarilla.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¡Contame todo!