Breve carta...


...de un amante enfermizamente enamorado.

Qué pena darme cuenta de que no era yo quien pensabas que era... Y que no era por mí por quien decías todas esas cosas. Qué pena, cuando noto que yo te escribo y te pienso, y que por allá no es lo mismo. Que pena, saber que te pienso constantemente y que vos nunca derramaste una lágrima por mí. Qué pena, mi querida Pena, que nadie entienda nuestra enfermiza relación de amor. Que pena, Pena mía  que nadie entienda como te busco desesperadamente aunque me hagas mierda, una tras otra vez... Y te encuentro, Pena... Qué pena, que siempre te encuentro; algún día te dejaré de buscar.

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