Beligerante, conflictiva y traumatizada.


Lo cierto es que estaba en una tormenta… Una tormenta con rayos y relámpagos, con truenos y remolinos. Estaba yo paradita en medio de un tornado violento, que arrasó a mi ciudad y a mi jardín primitivo. La cosa es que de pronto me vi en un lugar tranquilo, con juegos, con niños, con un señor, que es un niño, conmigo. Ese señor nunca me deja hablar, o más bien, con lo poco que me permite decir comienza a transmitirme un millón de experiencias y vivencias, miles de cosas que me hacen sentir que no todo es tan malo y que luego me voy a reír, más de lo que me río durante. Que se repita, cuando no sea una damisela en peligro, sino una mujer alegre, linda y loca. Já, una neo-punkilla, con aires de literata, mente brillante y seguidora de descerebrados. El señor me dijo cosas, que no puedo repetir, porque me habla solo a mí. Me contó historias de sus años de galán, que sigue siendo, pero en secreto. Me contó cosas de sus momentos más tristes. Sufrir está bueno, soy amante de ello. Somos. Pero aprender de eso es mejor. Saber qué es lo que querés ser, más que lo que sos, o lo que sentís… Tanta fugacidad e impulso, sinsentido y velocidad, me hacen mal y bien a la vez, y aunque ese sea el objetivo, me pone el mundo del revés. Quise escuchar muchas canciones y decir muchas cosas, pero bien  es sabido que jamás me quedo con las palabras adentro, que las vomito en cuanto antes y que me gusta que las conozcan… Que me conozcan. Me gusta recordar, y no a todo el mundo le cuento secretos como ese, ese lugar que siempre que veo me hace sonreír en secreto, porque me recuerda ese momento que te comenté. La infancia, tiempo hermoso, en lo que todo es puro estímulo. Que lindo, querer que lo lleven a uno a upa durante una cuadra porque vio en los ojos del otro que ahí puede quedarse, que ahí estará en paz. O preguntar sin vergüenza qué raza es un perro, o por qué hacen ruido las motos, asombrado uno. Que hermoso. ¿Será que tenés razón? ¿Será quizá que no salgas a la conquista porque aparecen solas? ¿Será entonces que me siento culpable por algo que siempre sentí y que siempre tuve deseos de hacer? ¿Será que si me decís que lo reprima no lo diré más? Gracias, por la hermosa mañana que me brindó ese señor en aquel sueño que tuve rato atrás… Había sol, paz y una rayuela, de la que nadie hizo comentario alguno, pero noté que ahí estaba y pude saber que como me enseñó Cortázar, la vida es eso. Pura rayuela, que salta de rocanroles, a milongas y cachimbas. A veces a la suerte le da por darme un respiro, a veces hasta me deja vivir. Ahora confieso algo: la tormenta ahí está, sigue estando, en alguna parte debajo de mí, puedo sentirla. Pero ahora estoy trepada en las nubes, y no quiero ni por asomo bajar. Que se repita.

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