Vagabundeo.


El impulso tenía que esperar dos horas por ahí  y lo hizo... Todo con tal de verla; esa hermosa locura. Caminó el impulso entonces, por doquier.. Y luego de 120 minutos la vio llegar, tan hermosa ella... Tanto que le sacó una sonrisa, que se manifestó de lado a lado de su cara dejando sus dientes descubiertos. El impulso y la locura fueron por ahí  y él no lograba pensar en otra cosa que no fuera ella porque ella lo guiaba, siempre a su antojo... Y él iba atrás, como un condenado a la muerte que ya no tiene nada que perder. ¿Y qué podía hacer? ¿Temerle a ella? ¿Temer a terminar haciendo lo que ella pensaba y no podía hacer? ¿Temer a que su vida se volviera un fracaso por correr tras ella? Si su vida ya era un fracaso, y aquella locura lo hacía sentir vivo de vuelta, lo hacía sentir motivado. Durmió a su lado aquella noche, con los pies adoloridos de tanto vagabundear por aquella ciudad fea y de ellos, esa ciudad que el impulso tuvo que conocer de tanto escapar de diversos lugares, al igual que la locura. Cada esquina era un recuerdo distinto, pero el impulso, avergonzado, habló de solo unos pocos recuerdos, porque se avergonzaba de haber vivido tanto, sus recuerdos le daban pena, lo llenaban de tristeza. Ella escuchaba y a su vez lo distraía sin querer... Todo culpa de sus ojos, su mirada, el sillón en el medio de la nada (que por un instante sirvió de cama), su tristeza inocultable... Todo lo atraía, todo. Tuvo ganas de abrazarla, al menos un millón de veces y a precipitarse a decir muchas cosas que eran totalmente apresuradas (como era clásico en él), pero por algún extraño motivo eligió disfrutarla asi, y sentirla asi. Sí, ahora cree que con ella está más que dispuesto a ir de ninguna parte a la nada, cada día.

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